Joana

Soy Joana. Mi historia es muy larga pero tiene un final feliz. 

Tengo 42 años y hace seis comencé la carrera de tener un hijo, sí, se convirtió en una carrera de fondo que finalmente vencí. 

Con 36 años, tras un año de no quedarme embarazada por mí misma, me sometí a ocho inseminaciones artificiales. Sí, son muchas, pero en la Seguridad Social me decían que era joven y que no perdía nada por seguir intentándolo. La lista de espera para someterse a fecundaciones in vitro era de año y medio por lo que el hecho de no esperar me pareció una buena opción. Al fin y al cabo, ¿quién me decía a mí que no iba a resultar? Y todo sin pasar por el quirófano… 

Pues no resultó y ello me condujo a una intentona tras otra de ciclos in vitro. Tras 5 transferencias fallidas de embriones aparentemente perfectos a nivel morfológico, en la Seguridad Social desconocían qué podía estar fallando en mi caso particular. 

Los años pasaban, desesperada por la lentitud e ignorancia en lo que se refiere a mi caso concreto acudí a una clínica privada de renombre internacional. 

Allí me explicaron que, en muchas ocasiones, los embriones que a nivel morfológico son perfectos pueden ser genéticamente anómalos y que ese podría ser mi caso. Lo primero fue analizar el semen de mi pareja con una técnica llamada FISH donde el resultado fue normal. Por ello, me sometí a otro tratamiento de estimulación, del cual se obtuvieron 7 embriones los cuales se analizaron genéticamente a traves de la técnica DGP. Resultó ser que los 7 embriones, aparentemente de buena calidad, eran todos anómalos. El problema eran mis óvulos, llevaban una carga genética anómala. El golpe fue el más duro recibido hasta entonces. Con este resultado, mi doctor me aconsejó ovodonación, es decir, tener un hijo por medio de óvulos donados de otra mujer.

Afortunadamente, en ese momento (ojalá hubiera sido antes) conocí la existencia de la doctora Lu y de cómo pacientes suyas habían logrado el embarazo tan ansiado tras someterse al tratamiento de la acupuntura que ella aplica. 

A estas alturas, ya os imagináis lo concienzuda que soy y no dudé en ponerme en sus manos, al fin y al cabo se trataba de una terapia natural que seguro que sólo podría ayudar. Al conocerla, la confianza fue absoluta. Me advirtió de la dificultad de mi caso particular, pero al mismo tiempo me transmitió la fuerza que en ese momento necesitaba para seguir luchando. Estuve poco más de un año en sus manos. Sesión tras sesión, ayudando a mi cuerpo para que fluya mejor la sangre a mi útero y ello repercuta en la mejoría de mis óvulos. ¡Así fue, funcionó! En la primera punción después de 6 meses de tratamiento, obtuve un embrión sano el cual no se implantó. A la siguiente y última punción,  5 meses más tarde, obtuve dos embriones sanos de un total de 12 y uno de ellos se implantó. Hoy tengo a mi hijo en los brazos y estoy tan llena de felicidad que aún me cuesta creerlo.

Gracias Lu.